1.
¿Has comprobado alguna
vez lo que puedes ver de tu propio cuerpo sin ayuda de un espejo? Yo he
observado que sólo puedo verme por delante y por los lados, desde los
hombros hacia abajo; si me retuerzo un poco, puedo ver también la parte
de atrás de los pies y las pantorrillas; los labios también puedo
verlos, adelantándolos un poco, y parte de la nariz, cerrando un ojo. Lo
que no puedo ver en absoluto es mi cabeza, mi cara y mi espalda.
La
causa de todo esto es que mi cuerpo se compone de elementos materiales,
que está hecho de partes distintas unas de otras. No puedo dar un paso
adelante y luego dar media vuelta parra contemplarme a mí mismo. La
parte de mi cuerpo que observa o mira estará siempre separada de la
contemplada. Dicho de otra manera: nada material puede replegarse sobre
sí mismo; no se puede plegar una cuartilla de tal forma que la parte
plegada cubra toda la cuartilla.
Todo esto es tan obvio que parece estúpido. Sin embargo, nos dice claramente que nuestra alma no es una sustancia material, porque el alma es capaz de hacer lo que no puede hacer el cuerpo. Puede, en efecto, reflexionar,
como dicen los filósofos. Yo soy capaz de conocer algo, dar un paso
adelante y examinar lo conocido. Yo puedo pensar y, al realizar ese
acto, mi mente puede analizar el proceso de raciocinio. Puedo escoger el
hacer esto en lugar de aquello, y, al mismo tiempo que escojo, puedo
examinar los motivos. Puedo amar y, simultáneamente, sopesar y valorar
mi amor mientras amo.
Esta capacidad de auto-conciencia que tenemos -la posibilidad de conocer y, al mismo tiempo, de conocer que conocemos- prueba
que el alma no es una sustancia material, porque sería absolutamente
incapaz de volverse sobre sí misma -de reflexionar- si estuviera hecha
de partes, como toda sustancia material.
Ahora
bien, si no es una sustancia material, ¿qué es?... Pues no puede ser
otra cosa que una sustancia de otra clase, que los filósofos llaman simple, es decir, carente de partes, de tamaño, de cantidad. Una sustancia, en suma, espiritual.
Dios es una sustancia de esa clase. Por eso es Espíritu, un Espíritu
perfecto e infinito. Los ángeles también son sustancias espirituales,
espíritus puros, aunque no perfectos ni infinitos. Finalmente, el alma
humana -nuestro principio de vida, amor y pensamiento- también es una
sustancia espiritual, un espíritu.
Otra prueba de
que el alma humana es espiritual la tenemos en el hecho de que sea capaz
de tener pensamientos abstractos. Hay un principio filosófico que dice
que ningún efecto puede ser mayor que su causa. Las aguas de un río no
pueden correr cuesta arriba, ni un mosquito parir un elefante. Aplicando
esto al caso del alma, tenemos que si la mente humana es capaz de
producir ideas inmateriales es porque el alma es inmaterial; es decir,
un espíritu.
Si el alma humana fuese una sustancia material, sólo podríamos tener pensamientos materiales; es decir, solo tendríamos un conocimiento sensitivo. Sabríamos que tal objeto es blanco y tal otro negro, pero no tendríamos idea de la blancura y de la negrura
en abstracto, ni podríamos especular sobre los efectos de los colores
sobre las emociones humanas, como hacen los psicólogos. También
podríamos saber que tal persona nos atrae y tal otra nos repele, pero de
ello nunca podríamos deducir conceptos generales de bondad y maldad ni
teorizar sobre el amor y el odio.
Si todo esto
resulta posible es porque el alma puede elevarse por encima del
conocimiento sensible y tener pensamientos inmateriales, espirituales, ya que el alma es ella misma un espíritu y puede causar un efecto proporcionado.
Ahora bien, siendo como es un espíritu, tiene que ser inmortal, ya que, por definición, un espíritu es una sustancia simple, que
carece de partes y no ocupa lugar en el espacio (no es que una parte de
mi alma esté en mi cabeza, otra en mis manos y otra en mis pies, sino
que toda mi alma está en cada parte de mi ser, como todo Dios está en cada parte del Universo).
Siendo
el alma una sustancia simple, ajena a las limitaciones de la materia,
es evidente que no hay nada en ella que pueda descomponerse, destruirse o
dejar de ser. La muerte es la separación de las partes componentes de
un organismo vivo, pero, en el caso del alma, no hay partes que puedan
separarse. Dios nos ha revelado que el alma humana es inmortal, pero
incluso prescindiendo de la revelación, se puede llegar a comprenderlo
haciendo uso de la razón.
Trese, Leo J., La sabiduría del cristiano, Palabra, Madrid 1983, 33-36.
# 13 VID - El sentido de la vida - Categoría: Vida (The Meaning of life - Life)
Del compendio de la Doctrina Social de la Iglesia:
129 El hombre, por tanto, tiene dos características diversas: es un ser material, vinculado a este mundo mediante su cuerpo, y un ser espiritual, abierto a la trascendencia y al descubrimiento de « una verdad más profunda », a causa de su inteligencia, que lo hace « participante de la luz de la inteligencia divina ».243 La Iglesia afirma: « La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la “forma” del cuerpo, es decir, gracias al alma espiritual, la materia que integra el cuerpo es un cuerpo humano y viviente; en el hombre, el espíritu y la materia no son dos naturalezas unidas, sino que su unión constituye una única naturaleza ».244 Ni el espiritualismo que desprecia la realidad del cuerpo, ni el materialismo que considera el espíritu una mera manifestación de la materia, dan razón de la complejidad, de la totalidad y de la unidad del ser humano.